viernes, 14 de noviembre de 2014

Relato: Tan solo palabras

Estaba perdida. Espacial y emocionalmente. Andaba sin rumbo por Central Park, perdida entre los caminos, tomando uno de vez en cuando sin la más remota idea de a donde me llevaría. Había olvidado totalmente qué camino debía seguir para regresar. Caminaba para olvidar, y al final lo único que logré olvidar fue el camino. El resto seguía ahí.
 Las palabras seguían doliendo como puñaladas. Incluso después de tanto tiempo desde que fueron dichas, seguían viviendo en mi cabeza, apareciendo sin aviso para volver a hacer daño. Y es que si algo he aprendido de las palabras es que, algunas ,una vez dichas, no cambian, no se desvanecen como cabría esperar. Algunas palabras no se las lleva el viento, sino que pasan a formar parte de nuestro aire, y cada vez que respiramos están ahí, doliendo como la primera vez que fueron pronunciadas.
Y hoy ese aire me ahogaba, por eso necesitaba salir de casa, del barrio, de todo aquello que me recordaba a aquellas palabras.
Y caminé hasta llegar lo más lejos que pude. Caminé hasta perderme, buscando un aire distinto en el que aquellas palabras no dolieran. Me senté a la orilla del lago y cerré los ojos. Y nada más hacerlo me volví a encontrar pensando en lo mismo. Y aquellas palabras, una vez más, volvieron a hacer daño; el mismo daño.
Pero esa vez fui fuerte y no las ignoré, no intenté dejar de oírlas. Escuché aquellas palabras, recordé lo que me dijo. Y me dolió recordarlo.
Y en aquel momento volvió a repetirse lo mismo que ocurría siempre que pensaba en ello: Su imagen llegó a mi mente. Y dibujé en mi cabeza cada rasgo, cada trazo. Y permití, por una vez, que la imagen se quedara. Recordé y admiré cada rasgo y la sensación que sentí en su día al tener ese rostro cerca de mi.
Y de repente me encontré llorando. Llorando como hacía meses que no lloraba.

Y me di cuenta de que no eran realmente las palabras las que me hacían daño, sino que fuese él quien las había pronunciado.