martes, 18 de noviembre de 2014

Relato: Shooting stars

Aquí estaba una noche más. La mirada en el cielo, los pensamientos en cualquier parte. Y es que tenía demasiadas cosas de las que preocuparse. Sentada una vez más en lo alto de aquella colina, veía a la noche tomar Madrid, sumirla en la oscuridad poco a poco, pero luego más rápido hasta que, sin darse cuenta, ya estaba contemplando las luces de la ciudad. Aquellas luces le recordaban a las ilusiones, a las esperanzas y los sueños que la gente mantenía. Cada persona tenía varias luces repartidas por Madrid. Algunas brillaban más que otras, algunas refulgían con la fuerza del sol, otras apenas se veían ya de lo poco que brillaban y otras, poco a poco o de repente, se habían apagado. Así lo veía ella. Lo sueños eran efímeros, a veces se lograban y simplemente, con el tiempo, se olvidaba la felicidad que en su día provocó lograr cumplirlos. Otros simplemente se iban abandonando, simplemente dejaban de brillar. Otros eran destruidos con rabia, eran desechados cuando se acababa la esperanza. Y otras luces simplemente no eran encontradas por sus dueños.
Y allí estaba ella, incapaz de encontrar sus luces, incapaz de ver su brillo. ¿ Se habrían apagado todas? Quizás sí, quizás había perdido toda la esperanza. Quizás ya no quedaban sueños que ella pudiese cumplir, o quizás no le quedaba energía para cumplirlos. A lo mejor las circunstancias habían hecho que dejara de perseguirlos. Suspiró y miró al cielo. Las estrellas brillaban sobre el cielo al igual que las luces, pero, al igual que estas, algunas lo hacían más que otras y algunas se apagaban, poco a poco, para siempre.
Y de repente vio surcar el cielo una estrella fugaz, que atravesó el cielo con una velocidad y una luz impresionantes, y que después pareció desvanecerse tras la ciudad que ella tenía frente a a sus ojos.

Y entonces entendió que las luces se apagaban continuamente, y dolía ver cómo algo que una vez brilló tanto, ya no era nada. Pero había luces que, a pesar de estar casi apagadas, seguían ahí, resistiendo y, a veces, las estrellas les aportan la luz que necesitaban para brillar como antes.