sábado, 29 de noviembre de 2014

Relato: falling leaves

Una vez más caminaban por el centro juntas. Era tan solo otro sábado frío y lluvioso. Y ellas no necesitaban sol para pasárselo bien. Todo el instituto estaba en una conocida discoteca. Alcohol y música alta. Pero ellas no necesitaban eso para pasárselo bien.
Y llegaron a aquel banco.  El de siempre, el que tantas conversaciones había oído. Aquel sitio era testigo de miles de historias,  marco de miles de recuerdos que esas seis amigas no cambiarían por nada.
Y allí estaban otra vez. Sin hablar de nada pero diciéndoselo todo. Y sabían que la gente hablaría mal de ellas y las llamarían raras, pero hacia ya mucho tiempo que eso dejo de importarles.
Y es que el tiempo les había enseñado que eran mejores juntas. Que solo entre ellas podían ser ellas mismas sin miedo al rechazo.
Que se inspiraban y se complementaban.
Y allí estaban otra vez.  Llovía a cantaros y parecía no importarles. La hierba forrada con las hojas caídas. Rojo, amarillo y marrón mezclados formando una combinación preciosa. Quizás ellas eran algo parecido a eso. Al igual que las hojas, se habían marchitado y habían caído, y ya parecía que no eran nada, tan solo un recuerdo de algo que una vez fue hermoso. Habían estado en el suelo, pisoteadas y marchitas.
Pero se habían encontrado y juntas había formado algo único y maravilloso.
Y ahora,  mientras se tiraban las hojas unas a otras,  sentían que ese pequeño desastre... Era lo que las hacia especiales.
Y no había nada mas bonito en el mundo.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Human

Quizás parezco fuerte por fuera, pero te aseguro que no lo soy tanto por dentro.  Y nunca fui perfecta,  pero tampoco lo fuiste tu.

martes, 18 de noviembre de 2014

Relato: Shooting stars

Aquí estaba una noche más. La mirada en el cielo, los pensamientos en cualquier parte. Y es que tenía demasiadas cosas de las que preocuparse. Sentada una vez más en lo alto de aquella colina, veía a la noche tomar Madrid, sumirla en la oscuridad poco a poco, pero luego más rápido hasta que, sin darse cuenta, ya estaba contemplando las luces de la ciudad. Aquellas luces le recordaban a las ilusiones, a las esperanzas y los sueños que la gente mantenía. Cada persona tenía varias luces repartidas por Madrid. Algunas brillaban más que otras, algunas refulgían con la fuerza del sol, otras apenas se veían ya de lo poco que brillaban y otras, poco a poco o de repente, se habían apagado. Así lo veía ella. Lo sueños eran efímeros, a veces se lograban y simplemente, con el tiempo, se olvidaba la felicidad que en su día provocó lograr cumplirlos. Otros simplemente se iban abandonando, simplemente dejaban de brillar. Otros eran destruidos con rabia, eran desechados cuando se acababa la esperanza. Y otras luces simplemente no eran encontradas por sus dueños.
Y allí estaba ella, incapaz de encontrar sus luces, incapaz de ver su brillo. ¿ Se habrían apagado todas? Quizás sí, quizás había perdido toda la esperanza. Quizás ya no quedaban sueños que ella pudiese cumplir, o quizás no le quedaba energía para cumplirlos. A lo mejor las circunstancias habían hecho que dejara de perseguirlos. Suspiró y miró al cielo. Las estrellas brillaban sobre el cielo al igual que las luces, pero, al igual que estas, algunas lo hacían más que otras y algunas se apagaban, poco a poco, para siempre.
Y de repente vio surcar el cielo una estrella fugaz, que atravesó el cielo con una velocidad y una luz impresionantes, y que después pareció desvanecerse tras la ciudad que ella tenía frente a a sus ojos.

Y entonces entendió que las luces se apagaban continuamente, y dolía ver cómo algo que una vez brilló tanto, ya no era nada. Pero había luces que, a pesar de estar casi apagadas, seguían ahí, resistiendo y, a veces, las estrellas les aportan la luz que necesitaban para brillar como antes.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Mi frase del día

"Toma mi presente, mi futuro incierto y que el mundo nos recuerde por soñar despiertos"

sábado, 15 de noviembre de 2014

Relato: I miss you

Las calles estaban cubiertas por los restos de lo que fue una nevada. Tan solo quedaba nieve blanca sobre los coches, el resto era una masa gris acumulada sobre la acera y la carretera, apenas un fantasma de lo que antes fue. Y en cierto modo yo me sentía igual. En poco tiempo habían cambiado muchas cosas en mi vida y no podía evitar pensar en todo lo que había tenido que dejar atrás, en todas las personas que decidieron marcharse de mi vida y yo las dejé ir. No podía evitar pensar qué habría pasado si las cosas no hubiesen tenido que ser así. No podía dejar de pensar en todas aquellas veces en las que me había equivocado.
Ahora me sentía vacía, sola. Sentía que nada nuevo ocurría, nada que me cambiase la vida y me hiciese volver a sonreír como antes. Después de la tormenta por fin había llegado la anhelada calma pero, ahora que estaba aquí, yo deseaba que se acabase. Quería que nevase, que la nieve lo cubriese todo, lo transformase todo. 
Caminaba por las calles con la música acallando a todo el mundo que me rodeada. Las manos en los bolsillos y la cabeza tapada por un gorro y agachada en un fallido intento por ahuyentar al frío.
Todo a mi alrededor era gris y apagado, incluso yo misma lo era. Y no quería serlo, pero mi vida se había vuelto así: Nada nuevo, nadie nuevo, nadie que me dijera que espabilase, nadie para darle sentido...
Nada desde que él se había ido de mi vida de repente, dando un portazo, causando estragos. Y sabía que era lo mejor, que era su vida y debía vivirla, que debía aprovechar la oportunidad que se le brindaba. Pero algo de mi se había marchado con él, y nunca ninguna mentira me había dolido tanto como la que dije aquel día. 

" Vete. Estaré bien sin ti"

Pero no lo estaba. Joder, sabía que no lo estaría. pero no puedes retener a alguien y quitarle la oportunidad de su vida. 
Le echaba de menos. Siempre lo hacía, cada día, cada hora, pero hoy especialmente. 
Y volví a sacar aquel papel del bolsillo de mis vaqueros. Siempre lo llevaba conmigo, aunque en cierto modo dolía el mero hecho de mirarlo. Dolían los recuerdos.
Lo abrí y leí aquellas palabras, aunque lo había hecho tantas veces que podría recitarlas de memoria.

" Feliz navidad ángel. La nieve comenzará pronto a caer y sé que serás feliz al verla. Y sé que yo seré feliz al verte. Y quizás no pueda prometerte un regalo perfecto ni al novio perfecto, pero puedo prometer que estaré ahí contigo cuando caiga el primer copo, y que juntos veremos la ciudad volverse blanca. Y será precioso"

Pero no era precioso. No era precioso si no estaba aquí conmigo. Aquellos copos no tenían sentido si no los veía caer sobre su pelo, si no tenía aquí sus ojos brillando de la emoción mientras miraba al cielo.

Y de repente se oye el sonido de mi móvil. Un mensaje. Y después de leerlo solo soy capaz de mirar al cielo y sonreír. Quizás no hayas roto del todo tu promesa. Al fin y al cabo, de un modo u otro, sigues aquí conmigo. 
Y siempre lo estarás.
 Te echo de menos


"Hey"

Lo único que sé es que dijiste "hola", y con eso todo cambió. Sólo sé que siento que llevo echándote de menos toda mi vida y, por fin, estas aquí. Y si puedo, haré que nunca vuelvas a marcharte.



Mi frase del día



"Me decías que eran rosas, pero en realidad me dabas espinas"

viernes, 14 de noviembre de 2014

Relato: Tan solo palabras

Estaba perdida. Espacial y emocionalmente. Andaba sin rumbo por Central Park, perdida entre los caminos, tomando uno de vez en cuando sin la más remota idea de a donde me llevaría. Había olvidado totalmente qué camino debía seguir para regresar. Caminaba para olvidar, y al final lo único que logré olvidar fue el camino. El resto seguía ahí.
 Las palabras seguían doliendo como puñaladas. Incluso después de tanto tiempo desde que fueron dichas, seguían viviendo en mi cabeza, apareciendo sin aviso para volver a hacer daño. Y es que si algo he aprendido de las palabras es que, algunas ,una vez dichas, no cambian, no se desvanecen como cabría esperar. Algunas palabras no se las lleva el viento, sino que pasan a formar parte de nuestro aire, y cada vez que respiramos están ahí, doliendo como la primera vez que fueron pronunciadas.
Y hoy ese aire me ahogaba, por eso necesitaba salir de casa, del barrio, de todo aquello que me recordaba a aquellas palabras.
Y caminé hasta llegar lo más lejos que pude. Caminé hasta perderme, buscando un aire distinto en el que aquellas palabras no dolieran. Me senté a la orilla del lago y cerré los ojos. Y nada más hacerlo me volví a encontrar pensando en lo mismo. Y aquellas palabras, una vez más, volvieron a hacer daño; el mismo daño.
Pero esa vez fui fuerte y no las ignoré, no intenté dejar de oírlas. Escuché aquellas palabras, recordé lo que me dijo. Y me dolió recordarlo.
Y en aquel momento volvió a repetirse lo mismo que ocurría siempre que pensaba en ello: Su imagen llegó a mi mente. Y dibujé en mi cabeza cada rasgo, cada trazo. Y permití, por una vez, que la imagen se quedara. Recordé y admiré cada rasgo y la sensación que sentí en su día al tener ese rostro cerca de mi.
Y de repente me encontré llorando. Llorando como hacía meses que no lloraba.

Y me di cuenta de que no eran realmente las palabras las que me hacían daño, sino que fuese él quien las había pronunciado.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Young

Nunca seremos tan jóvenes como lo somos ahora mismo.
Últimamente me he estado fijando especialmente en como la gente joven parece dejar que su vida pase.  Tratan el tiempo como si no valiese nada y lo dejan pasar esperando y deseando que llegue un tiempo futuro que,una vez llegado, malgastamos. Y no quiero ser así, porque la juventud está para vivir  aventuras, para cometer errores y para probar cosas nuevas cada día.  Hay que disfrutar cada momento porque todo pasa rápido y luego siempre nos arrepentimos.
Y yo no quiero pasarme la vida pensando en lo que pudo ser.
Así que, aunque de miedo,  salgamos a vivir.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Desamor

Lo que para ti era divertido a mi me rompió el corazón.
Tu lo veías como un juego. Te equivocabas.
Me miraste, te miré, y viste  los ojos de un corazón destrozado, las lágrimas formándose en unos ojos cansados. La esperanza y la ilusión consumiéndose bajo las llamas. Y ni siquiera el agua de las lágrimas conseguía sofocarlas.
Ahora acércate y dime por qué en este juego no encuentro el botón de reinicio.