miércoles, 12 de febrero de 2014

Mis historias de San Valentín

Se acerca San Valentín, ese día en el que todas las parejas se demuestran su amor más de lo habitual. Y aquí estoy yo, sola, sin nadie. En realidad he tenido a muchos, pero ninguno ha llegado nunca a corresponderme. El amor es caprichoso. Y no puedo evitar hacerme una y otra vez las mismas preguntas. ¿ Por qué a mi ? ¿ Por qué me ha tocado ser la única que todavía no ha conocido a ese alguien especial ?
¿ Será que hay algo mal en mi? Quizás soy rara. Siempre me ha costado soltarme con los chicos, sobretodo con los que significaban algo para mi. Pensaba y pienso que, si soy yo misma, se alejarán de mi y ni siquiera querrán mi amistad. Eso sería lo normal, ¿ no?. Soy tímida y un poco marimacho cuando me pongo nerviosa en una situación desconocida. Lo normal es que me repelan. Siempre me ha parecido que era así. Ni siquiera tenía muchos amigos, así que no iba a pasar nada especial.
Ahora, algo ha cambiado. Siento que soy distinta, que he cambiado a mejor. Hubo personas a lo largo de estos dos años que me ayudaron, que sin conocerme se acercaron a la solitaria y le hablaron con naturalidad y una sonrisa en la cara. Ojalá tuviese la oportunidad ahora de decirles a todas esas personas lo mucho que significó para mi que me diesen esa oportunidad de hablar con ellos, de conocerles y dejar que me conocieran. Esas personas, simpáticas y extrovertidas, pero no de esas chulas y pijas que aparentan querer ser tus amigas para luego ir por ahí riéndose de ti. Ojalá fuese una de esas personas. No lo soy pero, gracias a ellas, estoy en proceso. No tendría palabras para expresarles lo mucho que ese gesto significó para mi. Me dieron alas, me cogieron de la mano y me llevaron con ellas. Me ayudaron a relacionarme con gente que me tendía la mano, sin juzgarme. Me enseñaron a ser yo misma, a hablar sin miedo a ser juzgada, mirada mal. Porque a ellos les gustaba como era, e hicieron que yo también me gustara.
En este tiempo he cambiado mucho. Ya no soy esa chica tímida que solo hablaba para contestar a lo que le preguntaban y a la que solo querían para copiarla en los exámenes. Aprendí a hablar con todos y ahora siento que cada vez me cuesta menos. Ya no me pongo tan nerviosa, incluido con los chicos.
Pero sigo sin tener a nadie que me corresponda. Me miro en el espejo. Quizás sea por mi aspecto. No veo nada que me haga especial, guapa, espectacular. Quizás sea por mi forma de ser. Pero no la cambiaré, ahora que soy capaz de ser yo misma, no cambiaré por agradar a alguien.
Todos los días llego a clase y me siento. Y entonces viene él, que se sienta delante mía y se gira para hablar conmigo. Es el único que consigue que vuelva a mis comienzos: La chica que se pone roja reaparece. Consigo hablarte con naturalidad pero, hay algo, en el latir de mi corazón, que es distinto. Aprecio cada frase que me dices, la atesoro en mi memoria. Cada palabra me parece un gran logro. Me alegro cada día que hablamos un poco más y, cuando me llamas, sonrío por dentro, aunque lo intento disimular por fuera.
Sólo me gustaría que, por una vez, yo fuese especial para ti, como tú lo eres para mi. Lo pienso cada vez que te veo hablar con otras y me doy cuenta de que no soy especial, soy una más. Me entristece, me duele, porque nunca tendrás esa sensación de alegría y emoción que yo siento cuando recibo un mensaje tuyo. No estarás sentado en tu cama, mirando la pantalla del móvil con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos brillantes. Cada día me levanto con una ilusión y vuelvo a casa con la decepción de saberme una más.
El otro día me acuerdo de que estaba triste, por ti, por mi, por nosotros, por no poder cambiarlo. Me preguntaste qué me pasaba y no quería contestarte.Intenté que no se notase. Al final supongo que fue la desesperación la que me hizo hablar. Tenía ganas de llorar, pero la voz salió natural cuando te dije que me sentía sola, que no sentía que fuese especial para nadie. Entonces, te pusiste serio. " Eres especial para mi. Puede que eso no cuente para ti, pero lo eres."