martes, 18 de marzo de 2014

Siempre en mi corazón

Era un día lluvioso y frío cuando ella se levantó despacio, sin hacer ruido. Sus padres dormían aunque ya era algo tarde. Se dirigió hacia el armario. Una vez más triste, un día más, se sentía vacía. Se vistió en silencio. Ni siquiera sabía a donde pensaba ir o qué pensaba hacer. Simplemente necesitaba estar sola.
Salió a la calle. Sentía el frió en la cara y hundió la barbilla en el cuello del abrigo. El nudo en su garganta se apretaba cada vez más. Ni siquiera sabía por qué hoy era diferente. Hoy se sentía peor, mucho peor. Desde que ella se fue, desde que la arrebataron de su lado, se sentía vacía. Un vacío la acompañaba día y noche. Era como si alguien le hubiese extirpado el corazón. Era la sensación más horrible del mundo: La sensación de haberse ido para siempre, de haber perdido la ilusión por todo. Y es que se sentía sola, y sabía que nunca volvería a estar con ella. Era injusto que se la hubiesen quitado. La vida era injusta y efímera.
Las calles estaban vacía y comenzaba a caer una ligera lluvia. Decidió sentarse en un banco. Ni siquiera tenía plena consciencia de donde estaba. Y no le importaba.
Se quedó allí sentada, inmóvil. Era como si ni siquiera en ese instante pudiera permitirse llorar. Algo faltaba en ella. El nudo en su garganta se hacía más grande. Le costaba respirar. Un sentimiento empezaba a florecer en ella. Desde que ella se fue para siempre había intentado no pensar, no sentir nada, quedarse sola y evitar hablar de ello. En el fondo sabía que si lo hacía se derrumbaría.
Aquel sentimiento se hacía más grande. No podía evitarlo. Lo reconoció:La echaba de menos. La echaba muchísimo de menos y la iba a añorar siempre. No merecía la pena negarlo. Un pedazo de su vida se había ido para no volver. Joder, la necesitaba. Necesitaba todas aquellas tardes y risas a su lado. Y nunca volvería, y era injusto.
Para cuando quiso darse cuenta ya estaba llorando. Toda la presión se iba poco a poco. Todo lo que había estado callando, salía de ella.
De repente notó una presencia a su lado. Giró un poco la cabeza, que hasta entonces había estado entre sus brazos, y miró a su derecha. Y allí estaba él. No sabía cuando había llegado. De repente cayó en la cuenta de que estaba sentado frente a su portal. Dios, lo había visto todo. Ese chico al que llevaba tanto tiempo mirando con cuidado, desde lejos, aquel cuya sonrisa la hacía sentir tan pequeña. Él, que la hacía sonreír sin saberlo. Su amiga había oído tantas veces hablar de él. Si ella siguiese aquí...
Volvió a llorar. Se llevó las manos a la cara rápidamente. Daba igual, él la veía.
Y, de repente, él la tocaba. Él la abrazaba en silencio. Y ella no necesitaba nada más. No un "lo siento", no unas palabras de consuelo. Simplemente un abrazo y un hombro en el que poder llorar. Y con él sentía que podía desahogarse. De repente no había vergüenza, no había miedo. Sólo necesitaba llorar, y él la consolaba en silencio.
Por fin alejó la cara de su hombro y él la miró a los ojos. Esos ojos que tantas veces la habían hecho sonrojarse. Esta vez la tranquilizaban. Él le pasó el abrigo por encima de los hombros y ella cayó en la cuenta de que ambos estaban empapados. Apenas cruzaron un par de palabras. Ella se dio cuenta de que la voz de él se quebraba y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Él también iba a echarla de menos. Entonces llegaron al portal de él. El chico subió el primer escalón y, mirándola desde arriba, le ofreció subir a su casa a secarse. Ella acepto. Entonces fue a dar un paso para subir hasta el escalón en el que él se encontraba. Fue un instante. Sintió una fuerza que tiraba de ella hacia abajo. Parecía no poder hacer nada para evitarlo. Su pie rozó el escalón y cayó hacia delante, encima de él. Él la recibió torpemente entre sus brazos. Sus caras terriblemente cerca. Él temblaba. Ella se quedó muy quieta. Entonces él la besó con cuidado. Y el corazón de ella pareció volver a latir después de mucho tiempo. Las lágrimas volvieron a sus ojos al tiempo que una pequeña sonrisa asomaba de entre sus labios. Ni siquiera la muerte había podido evitar que su amiga consiguiese su objetivo. Seguía siendo su amiga, la que siempre se las apañaba para conseguirle momentos junto a él, la que siempre la ayudaba.Ni siquiera la muerte había conseguido separarlas. Y entonces se dio cuenta de que ella siempre la acompañaría de algún modo. Se dio cuenta de que, en el fondo ,ella nunca se había ido. Porque siempre viviría en su corazón.