sábado, 7 de marzo de 2015

Close your eyes

Lo puedo sentir. Me voy a perder, una vez más. Y una vez más no me va a importar.
Volverás a tentarme. Con una sonrisa, me invitarás a seguirte. Y cogeré tu mano tendida hacia mí, aún sabiendo que estaremos recorriendo el mismo camino de siempre. El que siempre termina conmigo perdida, perdida y rota. Y es que llegará un momento en el que soltarás mi mano y te irás. De repente volveré a estar sola, confundida como siempre, preguntándome como puedo quererte tanto, preguntándome por qué vuelvo a caer, una y otra vez, sin remedio, en la misma trampa.
Y es que tú sabes el camino de vuelta, y volverás a recorrer la misma senda, la que te aleja de mi. Tú volverás a ser el mismo y yo me quedaré hecha pedazos.

Y aun sabiendo todo esto, aun conociendo la historia de memoria, sé que volveré a tomar tu mano. Sé que esa sonrisa volverá a hacer de las suyas.
¿ Cómo huir de la única persona que, a pesar de que fue la que te rompió, es también la única capaz de unir tus pedazos?
Todos los días maldigo esa felicidad efímera que me das. Todos los días me odio porque sé que volverás a hacerme la misma propuesta y yo aceptaré. Sucumbiré a ese amor que me da la vida y me la quita, a ese amor por el que rezo todos los días para que se convierta. Rezo porque tú también lo sientas, o para ser lo bastante tonta para creer que lo que yo siento es mutuo. Pero no hay mayor mentira que la que se dice uno mismo.
Supongo que en el fondo sé que tu no sientes lo mismo, que nunca lo sentirás. Entonces me desengaño y decido seguir adelante.

Pero ahí está otra vez tu mano, insinuando una nueva oportunidad, una nueva esperanza.

Y dicen que la esperanza es lo último que se pierde. A lo mejor, en ocasiones, sería mejor perderla desde el principio.